lunes, 13 de febrero de 2012

172. “DIOS PUEDE USAR INSTRUMENTOS HUMILDES”


Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; 
y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. 1 Cor. 1:27.

Los que Dios escoge para que sean sus obreros no son siempre los más talentosos en la estima del mundo. A veces elige hombres analfabetos. Estos obreros tienen una obra especial que hacer. Alcanzan a una clase de gente a la cual ningún otro podría tener acceso. Los que trabajan en forma modesta serán recompensados con la misma alabanza que recibirán aquellos que, de acuerdo a las apariencias exteriores, ejercen una influencia más amplia. Cada obrero será recompensado de acuerdo con el espíritu que lo impulsó a la acción.

Estos obreros abren sus corazones para recibir la verdad y son hechos sabios en Cristo y mediante El. Sus vidas inhalan y exhalan la fragancia de la piedad. Consideran cuidadosamente sus palabras antes de hablar. Sus acciones corresponden a las de su Conductor. Se esfuerzan por promover el bienestar de sus prójimos. Llevan alivio y felicidad a los tristes y angustiados. Sienten la necesidad de permanecer constantemente bajo la educación de Cristo, a fin de poder obrar en armonía con la voluntad de Dios.

Meditan en cómo imitar mejor a su Salvador en llevar la cruz y en ser abnegados. Son testigos de Dios que siguen su ejemplo de compasión y amor, atribuyendo toda la gloria a Aquel a quien aman y sirven. Constantemente están aprendiendo del gran Maestro mientras alcanzan niveles más elevados de perfección; no obstante, siempre tienen un sentido de su debilidad e inferioridad. Son atraídos hacia arriba por la intensa admiración y el amor que sienten por la belleza del carácter de Cristo. Practican sus virtudes, porque sus vidas se asemejan a la de Cristo. Avanzan siempre hacia adelante y hacia arriba, siendo una bendición para el mundo y un honor para su Redentor. Cristo dice de ellos: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad" (Mat. 5:5).

Se debe animar a tales obreros. Realizan su obra no para ser vistos de los hombres, sino para glorificar a Dios, y soportarán su inspección. Él Señor pone a estos obreros en contacto con los que tienen habilidades más notables para llenar las lagunas que dejan. Se sienten complacidos cuando son reconocidos y apreciados, porque constituyen eslabones en la cadena de servicio del Señor. 
 Y es el deseo de Dios que se reconozca a cada instrumento humano que trabaja para El, no importa cuán pequeña pueda ser la obra que realiza... 

En las cortes celestiales, cuando los redimidos se reúnan en el hogar, esta clase estará muy cerca del Hijo de Dios. Resplandecerán con gran brillo en las cortes del Señor, y serán honrados por El debido a que sintieron que era un honor servir a aquellos por los cuales Cristo dio su vida.
 (Manuscrito 5, del 21 junio de 1902, "La necesidad de un despertar").
 Alza tus Ojos de E. G. de White

171. “DIOS NOS AYUDA A CUMPLIR SU VOLUNTAD”


Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros 
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Fil. 2:12,13.

Hablen de las bendiciones de Dios. Introduzcamos en nuestras vidas toda la afabilidad posible. Cuando otros comiencen a cuestionar y criticar, determinémonos, sea mediante el silencio o haciendo girar la conversación a otro tema, aplica un corte a las palabras que no serían dichas con sabiduría. Necesitamos continuar esperando en el Señor mediante la oración y súplicas humildes, esforzándonos para guardar la puerta de nuestros labios a fin de no pronunciar ninguna palabra necia con sabor a incredulidad.

Debemos hablar con fe, practicando las mismas cosas que pedimos al Señor que podamos hacer por su gracia. De esta manera obramos nuestra propia salvación, tratando de ayudar y salvar, mediante palabras fieles y hechos amables, a aquellos que se encuentran en problemas. Es Dios el que produce en nosotros así el querer como el hacer por su buena voluntad. Lo finito y lo infinito debe unirse para realizar la obra que necesita ser hecha. Dios se ha comprometido a proporcionarnos fortaleza, ánimo, afabilidad y gozo en nuestro Salvador. Cuando permanecemos en El, la palabra que arrojaría sombras sobre otros, no se dice.

Recordemos que cada uno tiene algún punto oscuro en su experiencia. Hagamos todo lo que podamos para llevar ánimo y esperanza a las vidas de demás. ¡Qué bendición será esto! 
 Ellos a su vez, hablarán palabras de ánimo a otros a fin de que la luz brille en sus corazones. Al hacer esta obra llegaremos a comprender que el Señor escucha nuestras oraciones porque obramos en armonía con ellas, cumpliendo todo deber para con Dios y para con nosotros mismos. Debemos hacer nuestra obra con una actitud mental de agradecimiento y de oración. Pero por fe podemos reclamar el cumplimiento de la promesa: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis" (Mat 7:7). 

Sí, encontraremos la respuesta a nuestras oraciones, porque Dios obrará en forma extraordinariamente abundante, por encima de nuestras mayores expectativas. ¡Qué testimonio precioso daremos entonces de Dios! ¡Qué honor haremos a la verdad de su Palabra! Estaremos en condiciones de decir: "Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira" (Sal. 40:1-4).
 (Carta 87, del 20 de junio de 1900, dirigida a Edson y Emma White).
Alza tus Ojos de E. G. de White

179.1. EL PODER DEL EVANGELIO.

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios 4:6.

Mi querido esposo: Este es el último día de reuniones, con excepción de la de despedida de mañana de mañana... Tuve que hablar todas las noches... 

Hay aquí una pareja de escoceses de Indianápolis, de apellido Cooley. El cuñado del hermano Cooley es el hermano Fulton, quien vive en Hutchinson. Cooley vino de Nueva Escocia y era un fiel prebisteriano, y un hombre de recursos. Su esposa abrazó la verdad pero debió enfrentar la gran oposición de su marido, quien tenía sus ideas definidas y no estaba dispuesto a ceder ni en un ápice. Para complacer a su esposa, vino con ella a este congreso anual. Dijo que lo hacía sólo para complacerla, pero que nunca, nunca abandonaría sus convicciones.

Después de hablar en la reunión de recepción del sábado, pedí que los que se sentían pecadores pasaran a los asientos delanteros; él estaba entre ellos. Aproximadamente otros cuarenta pasaron adelante. Fue por la bendición del Señor que las palabras de esa noche lo convencieron tan profundamente que no pudo librarse de ellas. Fue a su carpa y le pidió a su esposa que orara por él. El viejo cedro, alto y firme, comenzaba a ceder.

El domingo por la mañana, antes del desayuno, hablé durante una hora acerca de la misión de la Costa del Pacífico. Nuevamente se sintió profundamente conmovido. El domingo por la noche hablé otra vez con gran libertad. Volvió a su carpa sintiendo profunda convicción, y temblando bajo la más terrible carga que alguna vez hubiera llevado sobre sí. Nuevamente pidió a su esposa, quien se había opuesto en forma tan acerba, que orara por él. Esta mañana leí unas treintas y cinco páginas e hice una apelación profunda y conmovedora al pueblo de Dios en relación con el egoísmo y el sistema del diezmo. El se sintió tocado. Después que terminé de hablar, tuvimos una reunión de la Asociación que se extendió hasta el mediodía.

El hermano Cooley se levantó y habló. Repitió lo que había dicho a su esposa y dijo que se sentía muy triste porque había sido un opositor tan duro y cruel. Tan pronto como terminó de hablar, por primera vez me dirigí a él en forma directa, animándolo a pasar al frente. Finalmente se sentó junto a su buena esposa pidiendo el bautismo. Parece pensar que soy su madre, por su profundo cariño, peculiar de los escoceses, ya que mis palabras lo convencieron de su error y lo llevaron a decidir pertenecer a nuestro pueblo...

Indudablemente el Señor obró en esta reunión... Debo tomar el tren en quince minutos. Pensé que estarías ansioso por tener noticias mías y por eso envío esta carta inconclusa. [Firmado] Tu Elena.—Carta 37, del 29 de junio de 1874, dirigida a Jaime White, quien estaba estableciendo la Pacific Press Publishing Association. (Alza Tus Ojos) EGW