martes, 31 de agosto de 2021

297 “CREAN Y RECIBIRÁN”

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Mar. 11:24.

Muchos aseveran que desean ser salvos, que desean ser hijos e hijas de Dios, pero se quejarán de Dios en la forma más patética, porque no sienten de la manera en la que creen que deben sentir. Dicen: "Sé que tengo mucho que agradecer. El Señor me ha bendecido muchas veces; pero no puedo sentir como quisiera. No me atrevo a aplicar a mí mismo las promesas y decir que soy hijo de Dios. Pienso que bendice a otros. Pienso que los recibirá; pero no a mí. No puedo creer que El perdone mis pecados". Esto puede definirse claramente como incredulidad y es pecado ante Dios, pues los tales deshonran al Señor y limitan al Santo de Israel. Cristo es su Salvador. Será hallado por todos los que lo busquen con todo el corazón.  

Las bondadosas promesas son otorgadas a su iglesia y, si usted ha dado los pasos indispensables en la conversión, si ha confesado a Cristo abiertamente, es parte del cuerpo de Cristo, una parte de su gran todo. 

La ansiedad, las dudas y la desconfianza, demuestran que usted no cree en El y que no se apropia de sus promesas. Por consiguiente carece de consuelo, esperanza y ánimo en el Señor, que es su privilegio y obligación tener cada hora del día y cada día de la semana. ¿Ama usted a Jesús? ¿Anhela su paz? Entonces crea en El, y los deseos de su alma serán satisfechos. . .

Si usted abriga en el alma su incredulidad y sus dudas, y acude a otros con sus quejas, no tiene excusa pues no hay modo de justificación teniendo en cuenta las palabras que Cristo le dirige. Están henchidas de alivio, llenas de esperanza y seguridad para siempre. Si desecha sus palabras y abandona las frescas nieves del Líbano para buscar refrigerio en los recursos humanos, no tendrá paz ni consuelo, porque rechaza la ayuda que Dios le ofrece.

El Señor declara que las puertas del infierno no prevalecerán contra su iglesia. Cada miembro sincero de la iglesia puede incluirse en estas promesas y decir: "Soy del Señor. En su fortaleza soy invencible". 

Por lo tanto, no asuma una actitud lastimosa ni represente mal a nuestro Señor, comportándose como si El lo hubiera insultado haciéndole promesas que no cumple, como si estuviera viviendo en un momento difícil y fuera abandonado completamente para luchar solo contra los poderes de las tinieblas.

El asevera: "No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros" (Juan 14:18). . . 

¿Cree personalmente en estas palabras? ¿O considera que son cuentos infundados? ¿Se aferra a ellas por fe, y las acepta y se regocija en ellas? Eso es comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios. (Manuscrito 42, del 25 de octubre de 1890, "Diario"). Alza tus Ojos (EGW) 311


296 “EL CIELO: EL VERANO DEL CRISTIANO”

Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Tito 2:13. 

Cristo pronto vendrá por segunda vez. De ello deberíamos conversar frecuentemente. Debería ser el pensamiento predominante en nuestras mentes. Vendrá con poder y gran gloria, y todo ojo lo verá. Todos los santos ángeles lo acompañarán. Acerca de esta compañía, Juan escribe: "Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones" (Apoc. 5:11).

La trompeta aún no ha sonado. Quienes han descendido a la tumba todavía no han exclamado: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Cor. 15:55). Los justos muertos aún no han sido arrebatados con los santos vivos para encontrarse con su Señor en el aire. Pero se aproxima el tiempo en que las palabras pronunciadas por el apóstol Pablo se cumplirán: "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tes. 4:16,17). 

Para ser semejantes al Salvador, debemos ser transformados (véase Fil. 3:20,21). Ahora es el tiempo de introducir en nuestra vida diaria las virtudes de la vida de Cristo. No hay tiempo que perder. Si fracasamos en la edificación de nuestro carácter, perderemos la vida eterna. Debemos edificar sobre el verdadero fundamento. . . Debemos hacer la obra de Cristo y estar constantemente velando y orando. Entonces estaremos preparados para su venida y para recibir la vida eterna.

Todos los que deseen pueden ser vencedores. Esforcémonos fervientemente por alcanzar el nivel que se nos indica. Cristo conoce nuestras debilidades, y podemos recurrir a El diariamente en busca de ayuda. No es necesario que obtengamos fortaleza con un mes de anticipación. Hemos de triunfar día a día.

Esta tierra es el lugar de preparación para el cielo. El tiempo que pasamos aquí es el invierno del cristiano. Los vientos fríos de la aflicción soplan sobre nosotros, y las olas de los problemas nos arrollan. Pero en un futuro cercano, cuando Cristo venga, las penas y los lamentos habrán desaparecido para siempre. 

Entonces será el verano del cristiano. Todas las pruebas habrán concluido, y no habrá más enfermedad ni muerte. "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apoc. 21:4).

 (Manuscrito 28, del 24 de octubre de 1886, "La esperanza puesta ante nosotros", sermón predicado en Nimes, Francia). Alza tus Ojos (EGW) 310