viernes, 28 de agosto de 2020

295. “NO HAY UN SENDERO INTERMEDIO AL PARAÍSO”

Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,           y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré. 2 Cor. 6:17.

No hay ningún sendero intermedio al Paraíso restaurado. El mensaje dado al hombre para estos últimos días no debe amalgamarse con los recursos humanos. No debemos confiar en la sagacidad de los abogados mundanos. Debemos ser humildes hombres de oración, no comportándonos como los que están cegados por los agentes de Satanás... 

La gran luz y bendición que Dios ha otorgado no es un seguro contra la transgresión y la apostasía en estos tiempos finales. Los que han sido honrados por el Señor con altos puestos de confianza pueden volverse de la luz del Cielo a la sabiduría humana. Su luz se transformará entonces en tinieblas; las capacidades que le fueron confiadas por Dios, en una trampa; y su carácter, en una ofensa para Dios.

Dios no será burlado. El alejamiento de El ha producido y siempre producirá inexorables resultados. La reacción de actos que desagradan a Dios conducirá al impenitente paso a paso al engaño y al pecado abierto, a menos que decididamente se arrepienta y los abandone, en vez de procurar justificarlos. Todos los que quieran poseer un carácter que los haga obreros juntamente con el Altísimo y quieran recibir su encomio, deben separarse de los enemigos de Dios, y sostener la verdad que Cristo mostró a Juan [el Revelador] para que la diera al mundo...

La revelación de Jesús a Juan es un mensaje maravilloso, augusto, excelso, solemne. Presentarlo con convicción requiere todos los talentos que el Señor ha concedido a los hombres. Cuando Juan lo recibió, fue preparado por el Espíritu Santo, pues Cristo mismo descendió del cielo y le indicó lo que debía escribir.

Los que pretenden ser discípulos de Cristo a menudo manifiestan dureza de corazón y ceguera mental porque no escogen ni ponen en práctica la voluntad de Dios sino la suya propia. Los móviles egoístas se introducen y toman posesión de la mente y el carácter y, en su confianza propia, creen que su camino es sabio. No son cuidadosos en seguir los caminos y las palabras de Dios. Las circunstancias, según dicen, alteran los casos. 

Las prácticas mundanas se introducen y así son tentados y apartados. Se mueven en conformidad con sus propios deseos no santificados, haciendo senderos engañosos para sus propios pies y para los pies de los demás. El cojo y el débil suponen que los tales son guiados por Dios, y por consiguiente piensan que su juicio debe ser correcto. De esa manera muchos siguen sendas falsas que no han sido formadas para que los redimidos del Señor anden por ellas. 

Manuscrito 139, del 23 de octubre de 1903, 

           "El mensaje en Apocalipsis"). 

Alza tus Ojos (EGW) 309

294. “EL EVANGELIO ES PODEROSO”

Si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente. Efe. 3:2,3.

Por medio de la revelación divina, se desplegó ante Pablo el plan de salvación ejecutado por Cristo. Llamado por Dios, debía enseñar a los hombres que se hallaban en la desesperación, muertos en pecados y ofensas, que había liberación por medio del Evangelio de Jesucristo. 

Había vida y poder para alcanzar la santidad. 

Estas revelaciones otorgaron a Pablo la bendición de un maravilloso conocimiento. Aunque no podía presentar a otros todo lo que él mismo había visto, no obstante fue firmemente establecido en la verdad. Ningún sufrimiento ni burla pudo llevarlo jamás a negar las grandes verdades que le habían sido reveladas. 

Ninguna teoría falsa pudo apartarlo de la influencia de las magníficas visiones de las cosas celestiales que había recibido. No podía aceptar ideas extravagantes que neutralizaran el efecto de las revelaciones que había recibido de Dios.

El Evangelio, tal como lo presentó Pablo en sus escritos, es exactamente tan poderoso hoy como lo fue entonces. A los hombres de todas las edades se dan a conocer los ricos tesoros de la gracia de Cristo, el abundante amor de Dios tal como fue revelado por medio de su Hijo. ¿Podemos apreciar estas verdades en nuestra condición de frialdad y muerte espiritual?

El Evangelio de Cristo fue predicado a la nación judía. Si lo hubieran aceptado habrían confirmado su salvación. Al creer en Cristo hubieran podido llegar a ser miembros de la familia real, manifestando a través de los siglos posteriores las riquezas de su gracia. Pero ellos, como nación, rechazaron a Cristo, rehusaron sus ofrecimientos de misericordia, y fueron cortados de la vid original, para que los gentiles pudieran ser injertados.

 Sin embargo, aún tienen el privilegio de participar con los gentiles de la salvación de Dios. Creer en Cristo obrará en cada hombre una transformación de carácter.

Por medio de la gracia transformadora de Cristo, los frutos del Espíritu se muestran en la vida de los que una vez estuvieron muertos en los pecados y transgresiones. Su disposición, sus palabras y sus acciones revelan que son partícipes de la naturaleza divina. Esta gracia maravillosa fue revelada a Pablo, y él trabajó constantemente para que otros conocieran esas verdades salvadores.

El Evangelio fue predicado bajo la dirección del Espíritu Santo tanto al judío como al gentil. La muralla de división que había separado a los judíos fue derribada en Cristo Jesús. "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Cor. 12:13)  

(Manuscrito 111, del 22 de octubre de 1906, "Una advertencia contra la formación"). Alza tus Ojos (EGW) 308