viernes, 28 de agosto de 2020

294. “EL EVANGELIO ES PODEROSO”

Si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente. Efe. 3:2,3.

Por medio de la revelación divina, se desplegó ante Pablo el plan de salvación ejecutado por Cristo. Llamado por Dios, debía enseñar a los hombres que se hallaban en la desesperación, muertos en pecados y ofensas, que había liberación por medio del Evangelio de Jesucristo. 

Había vida y poder para alcanzar la santidad. 

Estas revelaciones otorgaron a Pablo la bendición de un maravilloso conocimiento. Aunque no podía presentar a otros todo lo que él mismo había visto, no obstante fue firmemente establecido en la verdad. Ningún sufrimiento ni burla pudo llevarlo jamás a negar las grandes verdades que le habían sido reveladas. 

Ninguna teoría falsa pudo apartarlo de la influencia de las magníficas visiones de las cosas celestiales que había recibido. No podía aceptar ideas extravagantes que neutralizaran el efecto de las revelaciones que había recibido de Dios.

El Evangelio, tal como lo presentó Pablo en sus escritos, es exactamente tan poderoso hoy como lo fue entonces. A los hombres de todas las edades se dan a conocer los ricos tesoros de la gracia de Cristo, el abundante amor de Dios tal como fue revelado por medio de su Hijo. ¿Podemos apreciar estas verdades en nuestra condición de frialdad y muerte espiritual?

El Evangelio de Cristo fue predicado a la nación judía. Si lo hubieran aceptado habrían confirmado su salvación. Al creer en Cristo hubieran podido llegar a ser miembros de la familia real, manifestando a través de los siglos posteriores las riquezas de su gracia. Pero ellos, como nación, rechazaron a Cristo, rehusaron sus ofrecimientos de misericordia, y fueron cortados de la vid original, para que los gentiles pudieran ser injertados.

 Sin embargo, aún tienen el privilegio de participar con los gentiles de la salvación de Dios. Creer en Cristo obrará en cada hombre una transformación de carácter.

Por medio de la gracia transformadora de Cristo, los frutos del Espíritu se muestran en la vida de los que una vez estuvieron muertos en los pecados y transgresiones. Su disposición, sus palabras y sus acciones revelan que son partícipes de la naturaleza divina. Esta gracia maravillosa fue revelada a Pablo, y él trabajó constantemente para que otros conocieran esas verdades salvadores.

El Evangelio fue predicado bajo la dirección del Espíritu Santo tanto al judío como al gentil. La muralla de división que había separado a los judíos fue derribada en Cristo Jesús. "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Cor. 12:13)  

(Manuscrito 111, del 22 de octubre de 1906, "Una advertencia contra la formación"). Alza tus Ojos (EGW) 308


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