miércoles, 20 de noviembre de 2013

254. “EL YO DEBE MORIR”


Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto 
no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 2 Tes. 2:10. 

Las verdades de la Palabra de Dios poseen un poder transformador y santificador. Si se las acoge en el corazón y se las pone en práctica en la vida resultarán ser un sabor de vida para vida. . . 

Hay una sola obra que realizar en favor de algunos que no sienten ninguna necesidad especial de ayuda. Puesto que no advierten su condición de necesidad, no se reforman. Siguen adelante 
con el molde de un carácter viciado. 

A menos que esas almas experimenten el nuevo nacimiento, nunca verán el reino de los cielos. 
 A menos que la iniquidad sea erradicada de la vida, no se les dará la bienvenida a la presencia de los santos ángeles. Dios nunca más permitirá que entre en las cortes celestiales nada que dañe y destruya. 

Satanás nos acosa a cada paso. Permanentemente está procurando deteriorar la fe de los que están relacionados con la obra de Dios. Pero nuestra preciosa fe no ha de ser corrompida por agentes inconversos que el diablo puede emplear para envenenar la mente y engañar el alma. 
 Es menester que oremos más y hablemos menos.

 Necesitamos aprender de Cristo y ser semejantes a Él en mansedumbre y humildad de corazón. 
Es vital que comprendamos cuán imprescindible es morir al yo. La crucifixión de éste colocará a las almas en una posición ventajosa. Insto a todos los que profesan ser cristianos a que mueran al yo de modo que puedan atizar una nueva vida por el poder del Espíritu Santo. 

 El archienemigo, está trabajando con todo engaño de injusticia en los que se pierden. Diariamente necesitamos el poder de Dios que convierte, o no podremos seguir en las huellas de Cristo. 

En tanto la mente se ilumine en lo que respecta a la pureza y santificación 
y el corazón responda a los esfuerzos del Espíritu Santo, 
el resultado será una conversión diaria.  

En el día del fallo final habrá dos grupos
 delante del Juez de toda la tierra. 

A los que no hayan andado en las pisadas de Cristo se dirigirán las 
siguientes palabras: "Apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mat. 7:23). 

Los que hayan aplicado en la vida práctica las verdades puras y 
genuinas de la Palabra de Dios, oirán la bendición: "Bien, buen 
siervo y fiel. . . entra en el gozo de tu Señor" (Mat. 25:21). 

No podremos entrar en la ciudad de Dios hasta que no hayamos aprendido 
a morir al yo y en su lugar more dentro del alma el espíritu de Cristo.
 (Manuscrito 69, del 12 de septiembre de 1909, 
"Los asistentes en nuestros sanatorios"). 
Alza tus Ojos de E. G. de White


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