lunes, 13 de febrero de 2012

176. “LA PREPARACIÓN PARA EL CIELO”


Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, 
pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. 1 Tim. 4:8.

Me siento bastante bien desde que el tiempo es más cálido. Estoy sorprendida de que a mi edad [75 años] esté favorecida con una salud tan buena. Puedo subir y bajar las escaleras tan fácilmente como cualquier miembro de mi familia. Generalmente me siento animada. No quiero arrojar ni una sombra sobre mi familia. Anhelo que cada palabra que salga de mis labios lleve la fragancia del amor de Cristo... 

Hemos sido comisionados a salir como misioneros de Cristo. En la Biblia se nos enseña cuál es la obra que se nos ha dado para realizar, y en ella también aprendemos cómo realizarla. Nadie puede conocer tan seguramente la voluntad de Dios como el que permanece en Cristo. Hay algunos que están constantemente especulando, indagando y adivinando, pero que, al mismo tiempo, en vez de avanzar, están retrocediendo. No están unidos con Cristo.

No debemos tropezar en la incertidumbre. Cristo dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mar. 8:34). "El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). Al avanzar, nos acostumbramos a seguir. El sendero de la vida resplandece con un brillo cada vez mayor hasta que el día es perfecto.

Cuán profundamente se entristece el Salvador ante la pérdida de un alma por la cual hizo un sacrificio tan grande. El quisiera llevar a todos al reino de los cielos. Desea que todos puedan ver al Rey en su hermosura. . . No contemplemos constantemente los defectos de los demás. Contemplemos siempre a Jesús. . . Hay pecadores que salvar, y tanto en palabras como en hechos debemos cumplir el propósito de Cristo hacia ellos, como instrumentos de salvación. . .

Estoy realizando esfuerzos fervientes para obtener la corona de la vida, la cual en el último gran día, dará el Juez de todos a los que aman su venida. No permitamos que nuestros labios se empañen con la incredulidad. Hablemos la verdad. Rehusemos ser engañados por los espíritus seductores que pronto vendrán.

Hermana Hall, ¿no será algo realmente bendecido llegar a ser triunfadores, sentarse con la familia real en el reino de los cielos, tener un lugar en las mansiones que Cristo ha ido a preparar para aquellos que aman su venida? Tenga buen ánimo, mi hermana. Que nada la desanime. 
 Manténgase alegre. Permanezca bajo los brillantes rayos del Sol de Justicia.
 (Carta 121, del 25 de junio de 1903, 
dirigida a Lucinda Hall, una amiga íntima).
 (Alza tus Ojos de E. G. de White)

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