domingo, 26 de febrero de 2012

219. “LO QUE DIOS CONDENA NO ES SEGURO”


Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; 
y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Jer. 7:23.

El Señor desea que cada uno trabaje por su propio bien espiritual y eterno. Esto sólo puede lograrse en tanto obedezcamos las enseñanzas que Cristo nos ha dejado. Si hemos de obtener la recompensa eterna debemos seguir el ejemplo de Cristo, nuestro Modelo, quien hizo el bien y sólo el bien con los talentos que le confió el Señor. Con gusto entregó su vida para redimir a una raza impía, apóstata. Pero hoy, el egoísmo, la mundanalidad, el orgullo y la complacencia propia están consumiendo constantemente los recursos encomendados a los que declaran ser cristianos. Están malversando el dinero que el Señor pide que empleen para atraer a muchos hijos e hijas hacia El.

Cuando los cristianos obren como lo hizo la Cabeza de la Iglesia, no estarán continuamente ingeniándoselas para poder usar el capital del Señor en su propio placer. ¿No es suficiente honor para ellos cooperar con el Redentor del mundo? Los proyectos mundanos, las inversiones mundanas realizadas para agradar y ensalzar el yo, no brindan retribución alguna digna de poseer. Dios los condena, y lo que Dios condena no es seguro como para que lo practique ningún alma viviente. 

"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Rom. 12:2). 

 Aquí tenemos una experiencia que ganar que no resultará decepcionante. El Dios todopoderoso, que creó al hombre por medio de Jesucristo, invita a toda alma a que lo pruebe y vea qué recibirán todos los que así hagan. Ellos son probados y afligidos, y en conformidad con la voluntad de Dios comprenden cuál es la buena voluntad de su Creador, agradable y perfecta.

La conformidad con el mundo se obstaculiza y se hace imposible cuando se obedece lisa y llanamente a un "Así dice Jehová". La santificación y transformación evangélica del alma, cuerpo y espíritu dirigen los pies de los tales a través de la puerta estrecha hacia el camino angosto, el sendero preparado para que los redimidos del Señor transiten por él. Trabajen en colaboración con Dios, como lo hizo Cristo por las almas y los cuerpos de sus semejantes. . .

El Señor la llama. . . para que vea estas cosas con ojos iluminados, no por consejeros mundanos, sino por su Espíritu. Tome la Palabra tal como está escrita. . . Colóquese donde las riquezas de la gloria del Cielo brillen delante, detrás y a cada lado de su persona, porque Ud. es toda luz en el Señor. (Carta 110, del 8 de agosto de 1899, dirigida a una mujer de fortuna). 
Alza tus Ojos de E. G. de White

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