lunes, 13 de febrero de 2012

178. ¿PARA QUE SE PREPARAN?


Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, 
unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Dan. 12:2.

Es nuestro privilegio comprender las grandes responsabilidades que Dios ha colocado sobre nosotros, de manera que no estemos en tinieblas respecto de lo que se aproxima sobre nuestro mundo. 
 No podemos permitirnos enfrentar ese día sin estar preparados, sino que, cuando pensamos en el grande y solemne evento de la venida de Cristo en las nubes de los cielos con poder y gran gloria, debiéramos vivir delante de Dios con gran humildad, no sea que caigamos de la gracia de Dios y seamos hallados indignos de la vida eterna. . .

Vemos que el mundo en general no piensa en ese gran día, y muchos de sus habitantes no tienen interés de escuchar cosa alguna en cuanto a ello. Pero tendremos que enfrentar el registro de nuestras vidas. Debemos recordar que hay un testigo de todas nuestras acciones. Un ojo, semejante a una llama de fuego, contempla todas las acciones de nuestra vida. Nuestros pensamientos mismos y las intenciones y propósitos de nuestros corazones están desnudos ante el escrutinio de Dios. 
 Así como los rasgos se reproducen sobre la placa pulida del artista, nuestros caracteres están registrados en los libros del cielo.

Les preguntamos: "¿Cómo están sus caracteres hoy a la vista de Dios? ¿Están preparando sus almas para la gran revisión, de tal modo que puedan tener inmaculado el manto del carácter en ese día?" 
No pueden permitirse ser hallados transgresores de la gran regla moral de justicia de Dios. . .

El Dios del cielo nos dio el intelecto y la capacidad de razonar, y desea que los usemos. Nos dio un cuerpo, y desea que lo preservemos en perfecta salud a fin de que podamos prestarle un servicio perfecto. El Señor Dios es un testigo siempre presente de los hechos de maldad que se cometen entre los hijos de los hombres sobre esta tierra. ¿Cómo contempla El a los hombres y a las mujeres por quienes pagó un precio infinito, pero que rehúsan obedecer sus leyes?. . .

No podemos esperar hasta el juicio para estar dispuestos a negarnos al yo y levantar la cruz.  
 No podremos entonces formar caracteres para el cielo. Es aquí, en esta vida, donde debemos colocarnos al mando del humilde y abnegado Redentor. Es aquí donde debemos vencer la envidia, 
la contienda, el egoísmo, el amor al dinero, el amor al mundo. Es aquí donde debemos entrar en la escuela de Cristo y aprender del Maestro las preciosas lecciones de mansedumbre y humildad. 
 Y es aquí donde debemos hacer los mayores esfuerzos para ser leales y fieles al Dios del cielo, obedeciendo todos sus mandamientos y capacitándonos así para las mansiones 
que Cristo ha ido a preparar para todos los que aman a Dios. 
(Manuscrito 6a, del 27 de junio de 1886, "Preparación para el juicio", 
de un sermón predicado en Orebro, Suecia). Alza tus Ojos de E. G. de White

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