domingo, 26 de febrero de 2012

203. “PERFECCIÓN CRISTIANA”


Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, 
y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. 
 Judas 24.

Debe realizarse una obra real en nosotros. Permanentemente debemos rendir nuestra voluntad a la voluntad de Dios, nuestro camino al suyo. Nuestras ideas personales lucharán constantemente por obtener la supremacía, pero debemos hacer de Dios el todo y en todo. No estamos libres de las flaquezas de la humanidad pero debemos esmerarnos continuamente por liberarnos de ellas, no para ser perfectos según nuestra propia manera de ver; sino perfectos en toda buena obra. No debemos morar en el lado oscuro. Nuestras almas no deben descansar en sí mismas sino en Quien es todo y en todos.

Al contemplar como en un espejo la gloria del Señor estamos realmente siendo transformados a su misma imagen, de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor. Esperamos demasiado poco y recibimos de acuerdo con nuestra fe. No debemos aferrarnos a nuestros propios caminos, nuestros propios planes, nuestras propias ideas; hemos de ser reformados por la renovación de nuestras mentes para que podamos demostrar cuál es la voluntad de Dios, agradable y perfecta. Debemos vencer los pecados que nos acosan y derrotar los hábitos perversos. Las disposiciones y sentimientos inclinados al mal han de ser extirpados, para dar paso a caracteres y emociones santas, engendrados en nosotros por el Espíritu del Señor.

Esto lo enseña específicamente la Palabra de Dios, pero el Señor no puede obrar en nosotros el querer y el hacer su buena voluntad a menos que a cada paso crucifiquemos el yo, con sus afectos y concupiscencias. Si tratamos de actuar a nuestro modo, fracasaremos penosamente. . .  Tenemos una gran tarea que realizar y, si somos colaboradores de Dios, los ángeles, ministradores cooperarán con nosotros en la obra. . . Por lo tanto, aferrémonos a este maravilloso poder por medio de una fe viva, orando y creyendo, confiando y trabajando. Entonces Dios hará lo que sólo Él puede hacer. . .

El yo es más difícil de todo lo que tenemos que dirigir. Al abandonar las cargas, no nos olvidemos de poner el yo a los pies de Cristo. Entreguémonos a Jesús para ser moldeados y formados por El de modo que podamos ser hechos vasijas de gloria. Las tentaciones, las ideas, los sentimientos, 
todo debe rendirse a los pies de Cristo.

 Entonces el alma está preparada para escuchar las palabras divinas de instrucción. Jesús les dará a beber del agua que fluye del río de Dios. Bajo la apacible y suavizante influencia de su Espíritu, su frialdad e indiferencia desaparecerán. Cristo será en ustedes un manantial de agua que manará para vida eterna. . . Que el poder santificador de la verdad se exprese en sus vidas y revele en sus caracteres. Que Cristo los moldee como se moldea la arcilla en las manos del alfarero.  
(Carta 57, del 23 de julio de 1887, dirigida a J. H. Durland y A. A. John, obreros en Inglaterra). 
Alza tus Ojos de E. G. de White

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