domingo, 26 de febrero de 2012

196. “ECHA SOBRE JEHOVÁ TU CARGA”


Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. Salmos 55: 22.

Estimado hermano: Siento el más tierno amor hacia Ud., y desearía que las cosas le fueran de otro modo; que quienes lo acosan lo dejaran tranquilo. Pero, hermano mío, Ud. debe recordar que estas perplejidades y asuntos irritantes están incluidos en "todas las cosas" que ayudan a bien a los que aman al Señor. El ojo de Dios está sobre Ud. . . Si confía en su Padre celestial como el niño en sus padres, si actúa con justicia y ama la misericordia, Dios puede obrar y obrará con Ud. Entonces, en medio de sus aflicciones, honrará a Dios. Su promesa es cierta: "Yo honraré a los que me honran"
(1 Sam. 2:30). 

Recuerde que su experiencia no es la primera de este tipo. Ud. conoce los casos de José y Daniel. 
 El Señor no evitó las maquinaciones impías de sus enemigos, pero hizo que todas sus artimañas resultaran en beneficio de aquellos que guardaron su fe y lealtad en medio de la prueba y el conflicto.

El fuego del horno no es para. . . [destruir], sino refinar, ennoblecer, santificar. Sin estas pruebas no sentiríamos tanto nuestra necesidad de Dios y de su ayuda. Nos volveríamos orgullosos y autosuficientes. En estas aflicciones veo evidencias de que el ojo del Señor está sobre Ud. y que se propone atraer su corazón hacia El. No son los sanos sino los enfermos quienes tienen necesidad de médico. Los que se sientan abrumados más allá del límite de tolerancia necesitan un Ayudador. Vuélvase a la Fortaleza. Aprenda la preciosa lección: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mí yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11:28-30).

 Jesús lo ama. La experiencia que está viviendo me alegra, no porque esté sufriendo sino porque es para mí una evidencia de que el Señor lo está probando para ver si acude a El, para ver si deposita su confianza en El, si encuentra paz y descanso en su amor...

Jesús no lo ha abandonado para que las pruebas y dificultades que encuentre lo sorprendan y asombren. Le ha dicho todo con respecto a ellas y también le ha dicho que no debe descorazonarse ni agobiarse cuando sobrevengan. Debe fijar sus ojos en Jesús, su Redentor, y estar animado y gozoso... Tenemos un Salvador vivo, que de tal manera nos amó que murió por nosotros para que por medio de El pudiésemos tener esperanza, fortaleza y valor, y un sitio con El en su trono. 
(Carta 8, del 16 de julio de 1886, dirigida al Dr. J. H. Kellogg, director del Sanatorio de Battle Creek). Alza tus Ojos de E. G. de White)

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