jueves, 30 de junio de 2011

15. “DINERO CONSAGRADO”


Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Col. 3: 3.

Tanto las grandes sumas de dinero como las pequeñas deben ser consideradas por Ud. como tesoros que Dios le ha confiado. Cuando piense en gastar medios, debe orar sobre el asunto a fin de que pueda usar los bienes del Señor de una manera que le complazca. El Señor requiere de todos los que pretenden ser sus seguidores que imiten su ejemplo. Somos espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Los incrédulos observan a los que profesan ser hijos de Dios para ver si en realidad son lo que dicen ser. ¿Es consecuente que hablemos de la abnegación de Cristo, de su sacrificio, y sin embargo caminemos y obremos contrariamente a su ejemplo? Los tesoros del mundo son del Señor. Son todos suyos, tanto por creación como por redención.

¿Por qué las riquezas son llamadas "riquezas de injusticia"? Porque por medio de ellas los hombres están sujetos a la tentación, a ser injustos, a usarlas como a ellos les place, en gratificar sus deseos y realizar lo que su imaginación exige. Los que poseen dinero están en peligro de dar a los bienes de Dios un uso equivocado, y de esa manera ser inducidos a olvidar a Dios. La gente de Nazaret pensaba que amaba a Dios hasta que el Señor Jesús expuso delante de ellos su verdadera condición, y entonces se hizo evidente el hecho de que no estaban guardando los mandamientos.

El joven rico pensaba que amaba a Dios hasta que Jesús le reveló su ídolo y le mostró que estaba haciendo un dios de sus posesiones. Vino a Jesús con la pregunta: ¿Qué más me falta? La respuesta fue: "Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme" (Luc. 18: 22).

Aquellos a quienes el Señor ha dado el talento de los recursos están bajo una pesada responsabilidad. No han de invertir el dinero meramente para la gratificación de los deseos egoístas, porque todo lo que gasten de esa manera es restado de los tesoros del Señor. Por la soberana bondad de Dios, el Espíritu Santo obra a través del agente humano, y le impulsa a hacer pequeñas o grandes inversiones para la causa del Señor, haciendo que, redunden para la gloria de Dios.

Siempre que piense usar el dinero del Señor para gratificarse egoístamente, recuerde que hay muchos sumidos en una profunda pobreza, que ni siquiera tienen para comprar alimento o ropa, y son herencia del Señor. Debemos hacer el bien a todos los hombres, especialmente a los que son de la fe. Si los que poseen abundantes recursos son agentes de Dios para comunicar la verdad, usarán sus tesoros sabiamente, de modo que ninguno de la familia de la fe pase hambre o desnudez (Carta 90, del 15 de enero de 1895, dirigida a una mujer adventista de cuantiosos recursos). 28


(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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