martes, 12 de julio de 2011

114. “GLORIFICA A DIOS, NO AL HOMBRE”


En Jehová se gloriará mi alma: lo oirán los mansos, y se alegrarán. Sal. 34:2.

Estaba a punto de escribir unas palabras de ánimo a alguien que había ayudado en la obra. . . en un tiempo cuando las cosas se presentaban muy difíciles. Pero una mano se colocó sobre el papel impidiéndome escribir, y una voz me dijo: "Estas palabras de alabanza harán daño a la persona a la cual te estás dirigiendo. Dios es el gran Arquitecto. Glorifícalo a El, no al hombre". . .  

Seamos muy cuidadosos de no alabar o adular a ningún ser humano. No coloquemos delante de los siervos del Señor la tentación de la alabanza humana. Es Dios quien capacita a los hombres y las mujeres para realizar el bien. El está detrás de cada obrero. Sin su poder, el hombre es impotente. . .

Hay algunos que mediante la abnegación y el sacrificio propio han preparado el camino para la realización de una buena obra, y que con todo no tienen la capacidad que los habilitaría para llevar exitosamente esta obra hacia adelante, al alcanzar ésta, un cierto grado de desarrollo. . .
 El hermano S ha sido grandemente bendecido por Dios. El Señor lo usó para iniciar la obra en H. Pero él no debe pensar que, a causa de esto, es idóneo para llevar adelante la obra de la escuela en el plano amplio y elevado en el cual debe ser desarrollada. 

 Otros, cuya educación y entrenamiento los capacitan para ello, deben hacerse cargo de la obra en sus etapas avanzadas y llevarla hacia adelante y hacia arriba. No obstante, el Señor no valora como menos a los que mediante el sacrificio y la abnegación prepararon el camino para que la obra pudiera avanzar.  

Los obreros del Señor no deben pensar que ellos deben ser sus propios jueces en relación con la posición que debieran ocupar. Recuerden todos que hay muchas líneas diferentes de trabajo, y que todas son necesarias. Los leñadores y los aguateros cumplen un servicio aceptable y tienen éxito donde otros ciertamente fracasarían. . .

Contempla a Jesús. No eches a perder tu registro cediendo ante el abatimiento y la desconfianza. Traza senderos rectos para tus pies, no sea que el cojo se aparte del camino. . . El hombre que está más cerca del Señor es el que espera en El como quien espera la mañana, es el que desconfía de si mismo y pone toda su confianza en Dios, que puede salvar hasta lo sumo a los que se allegan a El. . . El Señor tiene interés en toda la obra que está tratando de hacer para El. No te preocupes. El tiempo de confiar está en nuestras manos. El día del ajuste de cuentas mostrará cómo hemos hecho nuestra obra. Hagamos lo mejor que podamos. Si el Señor está con nosotros, prosperaremos.   
 (Carta 64, del 24 de abril de 1902, dirigida a J. E. White, quien estaba trabajando en favor de la gente de color del sur de los Estados Unidos). 127 (Alza tus Ojos de E. G. de White)  

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