lunes, 4 de julio de 2011

78. “NUNCA RETROCEDAN FRENTE A SU COMETIDO”


No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. 
 Gál. 6: 9, 10.

Todas nuestras bendiciones, tanto temporales como espirituales, provienen de Dios. El dinero que poseemos es del Señor, El nos lo ha prestado a fin de promover su causa en la tierra. Nadie debiera permitir retener los bienes del Señor. Aquellos que han hecho promesas para posibilitar el avance de la obra de Dios no deben arrepentirse de sus votos y retener para sí lo que prometieron. Quienes asumen la responsabilidad de anular una promesa que ha sido hecha a Dios están haciendo algo de lo cual no querrán dar cuenta en el día del ajuste final. Debiera rechazarse el asesoramiento de los hombres que en este tiempo aconsejan retener los medios de la causa de Dios para invertirlos en otras empresas, porque el Señor les dice: "Haceos tesoros en el cielo". "Invertid vuestros medios para hacer avanzar mi obra para abrir nuevos campos, de tal forma que la luz de la verdad presente pueda brillar en todas partes del mundo".

Cuán abundante ha sido el Don que Dios dio a la raza humana. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16). 
 El Señor dio su vida por el mundo a fin de que el hombre pudiera tener un ejemplo perfecto. Dejando a un lado su manto real y su corona regia, vino a la tierra como hombre. Fue tentado en todas las cosas como el hombre es tentado, pero ni una sola vez dejó de seguir el sendero que había escogido. Fue guardado por el poder de Dios, sostenido por Aquel que será el ayudador de todos los que le aman y guardan sus mandamientos. 

Cristo vivió la vida sencilla de un hijo de personas de condición humilde, y así llegó a familiarizarse desde la infancia con la vida de los pobres. Y durante su ministerio, cuando le traían niños para que los bendijera, pensaba en su propia madre, y honraba a las madres de esos niños bendiciéndolas a ellas y también a sus hijos. Cristo vivió una vida de humillación y pobreza de manera que desde la niñez hasta la adultez pudo dejar a todos un ejemplo de lo que significa la vida para cada miembro de la familia humana.

Todos los que han llegado a ser hijos de Dios deben hacer cuanto está en sus manos para buscar y salvar la oveja perdida. Deben utilizar todo medio posible para dar a los pecadores la Palabra de vida y la gracia salvadora de Cristo. Los creyentes en la verdad deben recordar siempre el sacrificio que Cristo hizo al tomar sobre sí la humanidad a fin de ser ejemplo para todos los seres humanos. (Carta 104, del 19 de marzo de 1907, dirigida "A los que dan grandes donaciones para la causa de la verdad presente"). 90
(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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