domingo, 3 de julio de 2011

46. “FE Y ACCIÓN”


Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. Juan 15: 27.

Queda por hacer una obra que ha sido descuidada. Debemos arrepentirnos por nuestra indiferencia hacia esa tarea y orar por discernimiento espiritual a fin de ver y comprender, como debemos, sus urgentes necesidades. Se nos ha confiado la verdad salvadora e iluminadora. Nos rodean por todas partes multitudes que nunca han sido alumbradas. 
 A ellas debemos proclamar las verdades de salvación del mensaje del tercer ángel. Debemos dedicarnos a salvar almas, trabajando con toda diligencia para comunicar a otros aquello que es para su bienestar eterno.

Las multitudes que no han sido amonestadas están llegando rápidamente a ser la diversión del diablo. Satanás las está conduciendo a muchas formas de locura y autocomplacencia. Muchos buscan algo nuevo y conmovedor; sus mentes están lejos de Dios y de las verdades de su Palabra. En este tiempo, cuando el enemigo trabaja como nunca antes para embargar las mentes de los hombres y las mujeres a fin de apartarlos de la verdad, debiéramos estar trabajando con una actividad creciente, yendo por los caminos principales y por los desvíos. En forma diligente y manifestando interés debemos proclamar el último mensaje de misericordia en las ciudades: los caminos principales, y la obra no debe terminar allí, sino que debe extenderse a las poblaciones que las rodean y a las comarcas del campo: los desvíos y vallados. 

Se debe alcanzar a todas las clases sociales. A medida que trabajemos encontraremos personas de diversas nacionalidades. Ninguna debe ser pasada por alto y dejada sin amonestar. El Señor Jesús fue el don de Dios al mundo entero, no a las clases más elevadas solamente, ni a una nación en particular con exclusión de otras. Su gracia salvadora rodea al mundo entero. Cualquiera que desee puede beber del agua de la vida gratuitamente. "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Rom. 10: 13). Pero hay una obra muy importante que debe ser hecha. La invitación del Evangelio debe ser dada en todo lugar, porque "¿cómo. . . invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?" (vers. 14).

El Señor quiere que su pueblo se levante y realice la obra que se le ha designado. La responsabilidad no descansa solamente en el ministerio. Los miembros laicos de la iglesia deben compartir las cargas de salvar almas... El Señor invita ahora a los que tienen el conocimiento de la verdad para este tiempo a levantarse de su letargo y a ser verdaderos misioneros en su servicio. El tiempo es corto y debe hacerse la obra del Señor sin más demora.
(Carta 4, del 15 de febrero de 1911, dirigida a W. C. White). 59


(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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