domingo, 10 de julio de 2011

89. “NUESTRO ESTUDIO AQUÍ Y EN EL MAS ALLÁ”


Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Efe. 2:7. 

La desobediencia ha cerrado la puerta a una enorme cantidad de conocimientos que podrían haberse obtenido de la Palabra de Dios. En la eternidad comprenderemos lo que se habría abierto a nuestro entendimiento si hubiéramos recibido la iluminación que nos era posible obtener aquí. Y significa obediencia a todos los mandamientos de Dios. Se habría comprendido el plan del gobierno de Dios.

El mundo celestial habría abierto sus cámaras de gracia y de gloria para la exploración. Los seres humanos habrían llegado a ser totalmente diferentes de lo que son ahora en la forma, en el habla y en el canto, porque se habrían ennoblecido al explorar las minas de la verdad. El misterio de la redención, el conocimiento de Dios y de Jesucristo en su carácter de mediador, la encarnación de Cristo nuestro Redentor, su sacrificio expiatorio, no habrían sido, como lo son ahora, asuntos imprecisos en nuestra mente. Habrían sido no solamente mejor comprendidos, sino también muchísimo más apreciados.

Estos temas ocuparán los corazones, las mentes, y la lengua de los redimidos a través de las edades eternas, y delante de ellos se desplegarán nuevas comprensiones de los temas que Cristo anheló abrir ante sus discípulos pero que ellos no tuvieron la fe necesaria para buscar y captar. Durante toda la eternidad irán apareciendo nuevas perspectivas de la perfección y gloria de Cristo.

Hombres de indudable piedad y talento pueden captar perspectivas de las realidades eternas, pero éstas no son comprendidas porque las cosas que son visibles eclipsan la gloria de lo invisible. Muchos evalúan la sabiduría del hombre como más elevada que la sabiduría del Maestro divino. Y de esa manera, el Libro de texto, que condene el tesoro, es considerado como anticuado, al punto de que se lo evalúa como insípido y obsoleto. No es considerado así, sin embargo, por aquellos que han sido reanimados y vivificados por el Espíritu Santo. Ellos viven el inapreciable tesoro, y estarán dispuestos a vender todo a fin de comprar el campo que lo contiene. . .

Muchos beben de las aguas decadentes y turbias del valle por haber olvidado la fuente del agua viva, el agua pura que desciende de las nieves del Líbano. Pero los que concentran su estudio en la Palabra de Dios, los que excavan en busca de los tesoros de la verdad, apreciarán los importantes principios que enseña, y los asimilarán. Como resultado de ello llegarán a estar imbuidos con el Espíritu de Cristo, y mediante la contemplación serán cambiados a su semejanza. Los que aprecian la Palabra, la enseñarán como discípulos que han estado sentados a los pies de Jesús y se han acostumbrado a aprender de El, a fin de poder conocer a Aquel cuyo conocimiento correcto es vida eterna (Manuscrito 45, del 30 de marzo de 1898 "El Tesoro escondido"). 102
(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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