domingo, 3 de julio de 2011

57. “REVESTÍOS DE LA ARMADURA DE CRISTO”


Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, 
y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mat. 5: 16.

La luz de la verdad debe proyectar su brillo al mundo. Los que aman a Dios y guardan sus mandamientos son llamados a una lucha agresiva, no del uno contra el otro, sino contra los ejércitos del enemigo invisible. No hay tal cosa como quitarse la armadura. Los que pretenden ser discípulos de Cristo en ningún momento deben sentirse cómodos cumpliendo simplemente la responsabilidad que les asignó la iglesia, contentos con no hacer nada para rescatar a los seres humanos caídos y llevarlos a la lealtad a Dios. Los ángeles celestiales están ascendiendo y descendiendo constantemente entre el cielo y la tierra, ocupados en un servicio desinteresado: la reconstrucción del reino de Cristo. ¿Dónde están los hombres y mujeres que se unirán con los mensajeros celestiales? ¿Dónde están los que usarán sus habilidades en cooperación con el poder divino?

Piensen en lo que Dios hizo por ustedes. Cuando estaban pereciendo sin Cristo, ¿no llegó el mensaje de advertencia, convenciéndolos de pecado y conduciéndolos al arrepentimiento? ¿No se les reveló Cristo como un Salvador que perdona el pecado? Y en la luz y gloria del primer amor, ¿no fueron llenados de amor desinteresado para impartir a otros la gracia que les dio a ustedes la novedad de vida en Cristo?

No permitan que decrezca su celo por el Maestro. Ahora que han llegado a ser la mano ayudadora de Cristo deben trabajar fervorosamente por aquellos a quienes, antes de su conversión, miraban con indiferencia. Recuerden que ellos están en una condición tan favorable como aquella en la que estaban ustedes. . . [cuando fueron] llevados al arrepentimiento, y que su salvación puede ser de más elevado valor para la iglesia que lo que fue la de ustedes. No escatimen palabras fervientes y tiernas, y acciones amables. Atraigan a la cruz del Calvario a los que los rodean.  
 Estén tan enamorados de la verdad como para que reciban diariamente gracia fresca para impartir a otros. Abran las ventanas del alma hacia el cielo a fin de que los brillantes rayos del Sol de Justicia puedan brillar en sus corazones. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mat. 5:16). 

La verdad preciosa, esencial, se abrirá ante todos los que guardan sus almas en el amor de Dios. El deber y el sacrificio les resultarán preciosos, debido a su amor por lo que ha sido adquirido por la sangre de Cristo. Los seres humanos en los cuales difícilmente se habrían fijado antes, adquieren ahora gran valor ante su vista. Hubo un tiempo cuando no tenían interés en ellos; ahora están unidos con Cristo y ligados por el amor a su herencia. El corazón que una vez estuvo congelado por el hielo del egoísmo, se derrite por la influencia del Espíritu.
 (Manuscrito 17, del 26 de febrero de 1901, "Deberes descuidados"). 70

(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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