martes, 12 de julio de 2011

116. “SIGAN LAS DIRECTIVAS DEL SEÑOR”


Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Sal. 37:3.

El Señor está familiarizado con todas las circunstancias. Cuando el etíope leía las Escrituras, viajando en su carro, los ángeles de Dios contemplaban la escena. Se envió a uno de los discípulos a encontrarse con el carro, y cuando llegó al sitio, vio al hombre estudiando las Escrituras. 
 Felipe le dijo: "¿Entiendes lo que lees?" El le contestó: "¿ Y cómo podré, si alguno no me enseñare?" Entonces Felipe le explicó las Escrituras. Y luego que el etíope escuchó y creyó, preguntó: 
"¿Qué impide que yo sea bautizado?" (Hech. 8: 30, 31, 36).

Esta experiencia muestra el cuidado de Dios por su pueblo. Fue el Espíritu de Dios el que condujo la mente de este hombre a las Escrituras. Pero no podía interpretar su significado. Entonces el Señor envió a uno de sus siervos para iluminar su mente y hacerle comprender. Cuando el etíope preguntó, "¿qué impide que yo sea bautizado?", Felipe no esperó para ver como se afirmaría en la fe. Le dijo: "Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó" (vers. 37, 38).

El Señor desea que cada uno ocupe el lugar que nos ha asignado. Si estamos dispuestos a caminar con sencillez y piedad, y confiar en el Señor tal como un niñito confía en su padre terrenal, nos capacitará para hacer la obra que nos ha encomendado realizar. 
 Si buscamos al Señor, El actuará en nuestro favor... 
 
"El Señor obrará nuestra salvación si le encomendamos el cuidado de nuestras almas como fiel Creador. . ."

No somos nosotros los que producimos las impresiones sobre la mente y el corazón. Son los ángeles de Dios los que las hacen. Ellos ven cada esfuerzo que hacemos y subyugan los corazones e iluminan las mentes de aquellos por quienes estamos trabajando, de tal manera que las impresiones celestiales se graben y los corazones y las mentes sean inducidos a ver y comprender. . . 
No están trabajando solos. Cuando se sientan tentados a desanimarse, recuerden esto: Los ángeles de Dios los rodean. Ellos ministran en la tierra misma, haciendo que produzca sus tesoros. 
 Esta es la instrucción que estoy tratando de dar a nuestro pueblo. Deseo que comprendan lo que podría lograrse si trabajaran obedeciendo la voluntad del Señor.  
 Es El quien ha dado la instrucción. Sigamos sus directivas.
 (Manuscrito 13, del 26 de abril de 1909, "A los obreros 
y estudiantes de la escuela de Hill Crest"). 129 
(Alza tus Ojos de E. G. de White)


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