domingo, 3 de julio de 2011

47. “REPASEMOS LAS BONDADES DE DIOS”


El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino,
 le mostraré la salvación de Dios. Sal. 50: 23.

[Dios] desea que apreciemos el gran plan de la salvación, que lleguemos a comprender nuestro elevado privilegio como pueblo de Dios y que caminemos delante de El en obediencia, con agradecido reconocimiento. Desea que le sirvamos en novedad de vida, con alegría todos los días. Anhela que la gratitud surja de nuestros corazones porque tenemos acceso al propiciatorio, el trono de la gracia; porque nuestros nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero; porque podemos echar toda nuestra solicitud sobre El, quien cuida de nosotros. Nos anima a regocijarnos porque somos la herencia del Señor, porque la justicia de Cristo es el manto de sus santos y porque tenemos la bendita esperanza del pronto regreso de nuestro Salvador.

Alabar a Dios en plenitud y con sinceridad de corazón es un deber tan sagrado como orar. Debemos mostrar a todas las inteligencias celestiales que apreciamos el amor maravilloso de Dios por la humanidad caída y que estamos esperando bendiciones más grandes y aún mayores de su infinita plenitud. Necesitamos hablar de los capítulos preciosos de nuestra experiencia mucho más de lo que lo hacemos. Después de un derramamiento especial del Espíritu Santo, nuestro gozo en el Señor y nuestra eficiencia en su servicio aumentará grandemente al hacer el recuento de sus bondades y de sus obras maravillosas en favor de sus hijos.

Tal testimonio tendrá influencia sobre otros. No podemos emplear medio más efectivo para ganar almas para Cristo. 
 Y nuestro amor debe mostrarse no solamente en palabras sino en hechos, en el ministerio y sacrificio personales. Cristo dice: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mat 7: 21). En su oración a su Padre dijo de sus discípulos: "Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo" (Juan 17: 18). . . 

Y por el Espíritu Santo nos advierte mediante el apóstol Pedro: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" 
(1 Ped. 4: 10).

Dios desea que se cumplan en nosotros los propósitos de su gracia. Por el poder de su amor y mediante la obediencia, el hombre caído, un gusano en el polvo, debe ser transformado y capacitado para ser miembro de la familia celestial, compañero de Dios, de Cristo y de los santos ángeles a través de las edades eternas. El Cielo triunfará, porque los lugares dejados vacantes por Satanás y su hueste serán ocupados por los redimidos del Señor.
 (Manuscrito 21, del 16 de febrero de 1900, "La manifestación del amor de Dios"). 60

(Alza tus Ojos de E. G. de White)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario