viernes, 15 de julio de 2011

128. CUANDO SE COMETEN ERRORES*


Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, 
y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, 
y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isa. 55:7.

Aunque un velo oculta el futuro, ustedes tienen el conocimiento de las misericordias del Señor en el pasado. No permitan que las dificultades los desanimen. Han pasado por tribulaciones y serán llamados a pasar a través de dificultades otra vez. Han tenido que vivir experiencias no del todo agradables, y esas experiencias pueden repetirse. Han sido tentados, y serán tentados nuevamente.

No conocemos lo que está delante de nosotros, pero sabemos que tenemos el privilegio de entregar nuestras almas a Dios como nuestro fiel Creador. Agradezcámosle por tener un refugio en la tribulación. Recordemos que Cristo es una ayuda presente en todo tiempo de necesidad.  
 Las promesas de la Palabra de Dios son ricas, plenas y gratuitas. Dios está con nosotros, cuida de nosotros. Dios se revela en Cristo. Nuestro Salvador es la imagen del Dios invisible. ¡Oh, cuán cerca del cielo podemos estar! "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14: 9) declaró Cristo.

No permitamos que nuestras transacciones mundanales absorban nuestras energías. No permitamos que nada ocupe el lugar que Dios debiera llenar. Necesitamos tener períodos de descanso: momentos separados para la meditación, la oración, y el refrigerio espiritual. Cristo anduvo haciendo bienes, sanando toda clase de enfermedad y perdonando todos los pecados, consolando a los tristes, desvaneciendo la tristeza mediante su presencia. Contemplémosle; es la misma compasión y benevolencia de Dios.

Busquemos al Señor. . . Nunca olviden que son hijos de Dios. Rehúsen preocuparse por lo que no pueden impedir. Si cometen errores, vayan al compasivo Salvador y pídanle perdón. 
 Díganle que desean hacer su voluntad. Sean corteses con Dios. 

 Recuerden que El cuida de ustedes y que será una ayuda presente en todo tiempo de necesidad. Sus "tiernas misericordias están sobre todas sus obras". Es nuestro privilegio abrir nuestros corazones y permitir que entre el Salvador. Alabémoslo por el resplandor de su presencia. 
 Llevemos la luz del sol de su amor sobre nuestros rostros e introduzcámosla en nuestras palabras. Entonces su gozo estará en nosotros, y nuestro gozo será completo. . . 

El aliento de la vida superior debe ser 
introducido en la obra de nuestra vida. 
 Este nos ligará el uno al otro y con Dios. 
 Es necesario que el amor de Cristo
 se introduzca en nuestra experiencia. 
 Entonces nos amaremos unos a otros como Cristo nos amó. 
(Carta 81, del 8 de mayo de 1903, dirigida al Dr. D. H. Kress, 
que era director del Sanatorio de Sidney, y a su esposa). 141
(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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