domingo, 3 de julio de 2011

55. “MANTENEOS FIRMES EN LA FE”


Firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio. Fil. 1: 27, ú.p.

Oro para que el pueblo de Dios no ponga a un lado las peculiaridades de su fe. Se glorifica a Cristo mediante una vida de fe constante y firme. Pablo declara: "Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál. 2:20). Cristo debe ser glorificado mediante la fe viviente y activa de su pueblo. 
 El justo vivirá por la fe. Cristo no ha dejado a su pueblo para que tropiece en las tinieblas. Trazó el camino delante de ellos. Dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mar. 8:34). El pueblo de Dios ha de recorrer el sendero de la abnegación, el camino real trazado por el Redentor.

Mi hermano, inclínese en sumisión ante Aquel que sacó a luz la vida y la inmortalidad. Que su voluntad y la voluntad de Cristo sean una. Hable acerca de esto, ore por ello, vívalo. La orden de Dios para nosotros es: "Avanzad", y debemos obedecer esta orden, aunque nos encontremos con obstáculos que parezcan tan insuperables como el Mar Rojo. Confiemos en que el Señor Dios del cielo abrirá el camino delante de su pueblo. "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará" (Sal. 37:5). Esta paciencia del alma es el reposo de la fe. El Señor bendecirá a su pueblo probado y fiel. No lo abandonará para que sea confundido.

En el último gran día, cada palabra, cada acto serán sometidos a la prueba decisiva del Juez de toda la tierra. . . 
El Señor pide un arrepentimiento de corazón a los que pretenden ser su pueblo. El desenfreno no debe encontrar lugar en sus vidas. Debe guardarse celosamente a la iglesia de Dios de toda sombra de deshonestidad, de toda mancha de corrupción. El amor de Cristo se opone sin ambages a toda avaricia, todo orgullo, toda pretensión, El Señor demanda corazones humildes y contritos. El obrará mediante su Santo Espíritu sobre todos los que le permitan hacerlo, todos lo que lo aman y guardan sus mandamientos. Y ellos harán que sea tan manifiesta la presencia y el poder de Dios en sus vidas que los enemigos de la verdad se verán compelidos a decir que Dios y sus ángeles verdaderamente son los amigos y ayudadores de aquellos que le sirven.

Las divisiones no son el fruto de la justicia, sino del diablo. El gran obstáculo para nuestro avance en este tiempo es el egoísmo que impide que los creyentes tengan verdadero compañerismo el uno con el otro. La última oración que Jesús ofreció por sus discípulos antes de su enjuiciamiento fue que pudieran llegar a ser uno con El. Satanás está determinado a que no se logre esta unidad, porque ella es el testimonio más fuerte que puede darse de que Dios verdaderamente envió a su Hijo a reconciliar al mundo con el Cielo.
(Carta 41, del 24 de febrero de 1903, dirigida al Dr. F. E. Braucht, médico que ejercía en Chicago). 68

(Alza tus Ojos de E. G. de White)

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